14.1.11

Castillos de arena

Trocito a trocito, todo se va desmoronando, como si sujetase castillos de arena con las manos. Siento que no soy capaz de mantener todas las piezas unidas. Tal vez las esté cogiendo mal. Tal vez nunca había sido capaz de esto. Ya cansada de esto me voy alejando cada vez más. Será que soy débil, pero no puedo y punto. O me vienen fuerzas de donde no me quedan, o ya no da más de sí.
No quiero seguir caminando hacia donde no veo la salida. Me daré la vuelta y esperaré a ver que sucede. Caminaré hacia otro lado. Cuando te sientes ignorado por cierto tiempo, es agradable que te hagan sentir especial.

9.1.11

Irreal

Un gritó atravesó todo el salón de baile y arte. ¿Por qué estaba sucediendo aquello? Ella no entendía nada, todo carecía de sentido.
La profesora seguía igual que la última vez que la había visto. La última vez había sido hacía más de tres años. Era imposible que estuviese exactamente igual. El mismo peinado, las mismas mechas, el mismo maquillaje.
- ¿Qué te pasa? Si haces la audición ahora te aprobarán la asignatura.
"No tengo asignatura de arte", pensó.
- Venga, si haces cualquier cosa ya te aprobarán, no te preocupes - dijo el chico que estaba a su lado. ¿Qué pintaba el ahí?
- De acuerdo - dijo abandonado la poca lógica y sentido que quedaba en su cabeza.
A los dos segundos ya no vestía sus vaqueros y la camiseta, sino un vestido corto de flecos amarillos, con tacones y medias negras. Un complejo peinado adornaba su cabeza y su cara tenía una capa de maquillaje.
Inspiró hondo. Se puso en posición, con un brazo extendido hacia arriba, el otro abajo y una pierna cruzando por detrás. Expiró y cerró los ojos.
-
Abrió los ojos ligeramente, poco a poco. Estaba en su habitación, en su propia cama. Había sido un sueño. Otro sueño, más bien. Demasiadas pesadillas poblaban su mente. No había noche que no soñara algo. Y ella seguía sin saber qué le sucedía.

20.12.10

Un abrazo, por favor.

- ¿Quieres un abrazo o qué? - dijo él gritando en broma.
- Déjame en paz - respondió ella prácticamente huyendo de él.
- Porque tienes pinta de querer un abrazo, se te nota.
- Normalmente, cuando digo "no quiero un abrazo, ahora déjame sola" es que quiero estar sola.
Él se acercó rápido a ella por detrás y la abrazó. Apoyó la cabeza ligeramente en su hombro. Ella puso sus brazos sobre los de él, agarrándole por las manos.
Pero eso solo duró un momento, un instante. Ella se zafó de él y se puso a ordenar varias cosas que había encima de su mesa.
- Eres un pesado... - murmuró.
- Ya - dijo alargando la a y esbozando una sonrisa. Se alejó de ella y se puso a hablar con otras personas.
Bajó la vista y siguió ordenando cosas que ya lo estaban. Cambiando de sitio con cierto nerviosismo. Luego levantó la cabeza y le observó. El mismo sentimiento de siempre.
Porque pensamos qué decir cuando todo ha sucedido ya.

7.12.10

Tarde de viernes

Viernes. Tarde de viernes. ¿A quién no le gustan? Dan comienzo al fin de semana. Pero para mí tienen un significado especial. Siempre tenemos un día especial en la semana y para mí es el viernes. ¿La razón? Algo inconfesable. Algo vergonzoso. No malo. Solo vergonzoso.
Me entran ganas de gritarlo a los cuatro vientos, pero me lo guardo a dentro, muy al fondo, y por la noche, en la oscuridad, resurge en mi cabeza, en mi conciencia, toma forma, se retuerce y vuela por todos los recovecos de mi mente.
Cuando estoy sola pienso en decírselo a alguien. Pero me echo para atrás, con miedo, pensando que nadie me va a comprender. O puede que me comprendan y se compadezcan de mí, les de pena o algo por el estilo.
Viernes. Tarde de viernes. Últimamente son más frías y oscurece antes. Sin embargo, en mi interior cada semana mejoran, mi pequeño fuego se enciende más y más.
Atajarlo desde dentro del problema es una opción rápida. Atacar a lo que me inquieta directamente. Pero hay demasiado en juego. No es un no hay nada que perder, no, esta vez no.
Viernes. Tarde de viernes.

2.12.10

Cuando nieva a nivel del mar

Mi pequeña ciudad de otoño se ha convertido hoy por momentos en una escena navideña de postal. Ver copos de nieve caer mientras estás en tu clase y afuera todavía es de noche no es algo muy habitual. Todos nos hemos puesto en la ventana a mirar, incluso los que son de otras ciudades en las que sí nieva habitualmente. Un momento tan emotivo se notaba en el ambiente y en los ojos de la mayoría.
Nunca se me irá de la cabeza la imagen de la larga e iluminada artificialmente calle Severo Ochoa en plena nevada de primeros de diciembre.

15.11.10

¡Depresión!

Te extraño. Solo puedo escuchar lo que tenías en tu interior en mi casa. Las calles de la ciudad han perdido su gracia. Las esperas ahora son más largas. Desearía tenerte entre mis manos en todo momento. Y sé que te he perdido para siempre. Solo podré deshacerme de mi dolor sustituyéndote.
Lo sé, es duro.
Estoy deprimida.
Y tú, hijo de puta que me ha robado lo que me hacía saltar de emoción, que te den, que te torturen y que te mueras en el infierno, por no devolver lo que no es tuyo. ¿Cómo te sentirías si te arrancase el corazón de tu pecho?
Estés donde estés, siempre te extrañaré. Mi querido iPod. Ahora solo tengo el iTunes en el portátil.
El iPod de la sexta generación, es decir, tu bisnieto, será quien te sustituya estas navidades.

6.11.10

Por las pequeñas cosas interesantes

- Hey, Mr. Curiosity. Cuéntame algo.
- ¿El qué?
- Cuéntame algo que no sepa. Algo nuevo. Como siempre.
- Será mejor que lo busquemos juntos.
Entre las gaviotas, un buen té y un chocolate.